SALA: Garzones, meseros y camareros de bar y mesa; Cuando la diferencia pesa

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Margarita o piscola, langosta o hot dog, Borderio o Elqui, cualquiera sea la escena o la ocasión, es el garzón quien imprime la esencia de un local, y en sus hombros pesa una imagen, no solo de un plato o un determinado restaurant, sino de un pueblo, de Chile.


Es hostil pero necesario establecer la diferencia entre un garzón y un mesero, no se es garzón con solo llevar adornados platos a una mesa, no lo es quien aporta con una sonrisa en la entrega de un cocktail, no puede llamarse garzón a quien lleva y trae, este oficio es mas, mucho más. Las artes culinarias de nuestro país son reconocidas en todo el mundo, y es ese prestigio lo que se juega cada vez que comienza la interacción cliente-local.

Resulta penoso recorrer algunos locales que, aunque sus platos sean más que satisfactorios, no cuentan con personal realmente calificado para una atención a gran escala. Incorrecto, y a veces nulo dominio del inglés, desconocimiento de las cartas que ellos mismos proporcionan, malos hábitos en el lenguaje e incluso vestimentas inapropiadas son solo algunos de los rasgos que nos hacen suponer que nos falta mucho, mucho para entender que el turismo es una verdadera opción de desarrollo, y mas aún, una cara con la que enfrentamos al mundo.

“Un turista que se va contento, es un turista que vuelve”, pero que pasa con un turista que se va desconforme? No solo no vuelve, sino que además se encarga de replicar sus malas experiencias en determinado sitio, y sabemos que un mal recuerdo permanece en la retina mas tiempo que uno agradable, en un caso como este claro está. Tras hacer un recorrido por la oferta turística local, no es difícil darse cuenta que la capacitación es un camino viable, y mas que eso, necesario.

Locales en los que entre la gente no podemos distinguir a quien trabaja en el lugar por no tener nada que los identifique, interminables esperas para recibir atención, al punto que muchas personas desisten y se retiran, “garzones” olvidadizos a los que hay que pedir no dos, sino tres y cuatro veces una misma cosa, situaciones que parecen no ser tan catastróficas, pero que al ser una constante se convierten en amenazas al desarrollo local. El valle de Elqui no se puede dar el lujo de dejar de ser el polo turístico que es hoy, solo por no tener gente capacitada.

Lógicamente hay muchos locales que representan la excepción, pero, coincidentemente, son las ofertas mas costosas en términos económicos, en tal escenario es válido preguntarse, ¿acaso no todos merecemos una atención digna y a la altura de un lugar como el valle de Elqui?


Horacio Pinto Pastén

Estudiante de periodismo,

Secretario de comunicaciones Feuls 2007.-

Y orgullosamente “Garzón”